La transferencia del conocimiento desde las universidades y organismos de investigación a la empresa puede constituir un factor clave que la conduzca hacia una ventaja competitiva. Por este motivo el papel de la Universidad empieza a ser visto cada vez más como un importante conductor del crecimiento económico y esta colaboración se incrementa de forma constante en el tiempo. Potenciar la relación entre la Universidad y la Empresa contribuye activamente al desarrollo económico regional, apoyando e impulsando los procesos de innovación y desarrollo tecnológico como estrategias de competitividad del entorno empresarial.

Como explica Domingo García Pérez de Lema, catedrático de Economía Financiera y Contabilidad de la Universidad Politécnica de Cartagena, «ambos se necesitan y se pueden beneficiar de esta vinculación. La transferencia de conocimiento científico de las universidades a la empresa es necesaria, pero implica un problema complejo con muchas y variadas implicaciones económicas, políticas y culturales».

«La realidad es que tan solo un 10% de las empresas en la Región de Murcia llevan a cabo proyectos de I+D+i a través de la Universidad. Estas empresas se caracterizas por ser las de mayor tamaño, estar más consolidadas en el tiempo, y tener una posición más proactiva hacia la innovación y la tecnología. Los principales obstáculos que manifiestan los empresarios en esta relación son diversos», añade.

«Solo un 10% de las empresas en la Región llevan a cabo proyectos de I+D+i a través de la Universidad»

En un estudio del Observatorio Económico de la Pyme los empresarios señalaban como obstáculos: que no conocen los procedimientos a seguir con la universidad, que no conocen suficientemente la oferta que realiza la universidad y que no conocen a los responsables o expertos que podrían colaborar con su empresa. Las soluciones a estos problemas podrán, sin duda, facilitar estas relaciones.

No obstante, el catedrático señala que «el principal usuario y beneficiario de esta relación universidad-empresa es la sociedad». La sociedad juega un papel relevante en la creación de conocimiento y muchas organizaciones de la sociedad participan activamente en el eco-sistema de la innovación. El modelo general de la relación Universidad-Empresa pone su foco en los usuarios de la innovación y favorece el desarrollo de innovaciones útiles para la sociedad. «Este enfoque permite, por tanto, apoyar y avanzar en la investigación y la aplicación de este conocimiento hacia una innovación sostenible que redunde en el beneficio de la sociedad, donde los ciudadanos desean consumir bienes y servicios innovadores que cubran sus necesidades y mejoren su bienestar», dice.

En este momento, en el que se empieza a hablar otra vez de una posible recesión económica, Domingo García Perez de Lema asegura que «las economías basadas en el uso eficiente del conocimiento tienen mayores oportunidades de crecimiento. Los países que más invierten en I+D disponen de una mayor renta per cápita de sus habitantes y obtienen tasas de productividad más altas».

Con respecto a la brecha que existe entre la UE y España sobre el gasto en I+D por habitante en relación al PIB, advierte que «es grande y esto implica que otras economías están mejor preparadas para hacer frente a tensiones negativas del ciclo económico. En la actualidad se está produciendo una ralentización de la economía española y es preciso que siga el esfuerzo inversor, tanto público como privado, en la I+D para mitigar los posibles efectos negativos que se puedan producir».

En países como Estados Unidos existe una larga tradición por parte de los empresarios en financiar generosamente actividades de investigación a la Universidad, algo que en España no ocurre; aunque es importante reconocer que cada vez más muchas empresas empiezan a ver la necesidad y utilidad de financiar la investigación de la Universidad. «En la Región de Murcia existen claros ejemplos de ello a través de financiar cátedras de investigación. Esto supone un primer paso, pero no es suficiente», según el investigador de la UPCT. En su opinión, «la participación de las empresas privadas en la financiación de la investigación regional es muy reducida. Es necesario potenciar un cambio hacia una cultura innovadora donde se propicie un ecosistema de innovación regional basado en el conocimiento, donde se potencien y estimulen las relaciones universidad y empresa. Adicionalmente, desde las administraciones públicas se deberían estimular programas de incentivos fiscales a la I+D+i más ambiciosos que los actuales».

Y es que, en general, los directivos tienen muy claro la necesidad de innovar para que sus empresas sean más competitivas. Sin embargo, existen una serie de barreras que limitan que las empresas inviertan en I+D. Entre otras, Domingo García destaca «los costes de la I+D, el riesgo a que la innovación resulte fallida, la resistencia al cambio ya sea de directivos o empleados, etc. Adicionalmente, debemos considerar que para competir en los mercados las empresas eligen deliberadamente la estrategia apropiada para ajustarse a la especificidad de su entorno. Y esto conduce a muchas empresas a llevar una actitud menos proactiva hacia la innovación».

Llama la atención que en la literatura científica no existe un claro consenso sobre que la innovación genere un mayor beneficio. Determinados autores ponen de manifiesto que si la I+D implica mejoras del producto y una reducción de costes, la empresa aumentará su beneficio y su cuota de mercado. Sin embargo, otros autores sugieren que la innovación (al menos en el corto plazo) puede llevar implícitos bajos beneficios, debido a los costes de la innovación.